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Sinopsis

Ana, que tiene nueve años, conoce a Lucho, un niño de la misma edad, una noche de Navidad de finales de los años setenta, en medio del bullicio y luces de los fuegos artificiales. Viven en La Punta, un distrito de clase media de Lima al lado del mar, que, por esa época, tiene calles llenas de niños con sueños e ilusiones.

Al poco tiempo de conocerse, Ana y Lucho empiezan a ser muy amigos. Lo que más les gusta es ir a la playa y al muelle a contar los barcos y aviones que pasan. Es en una de estas ocasiones que Lucho dice que uno de estos barcos va a Tombuctú. A partir de este momento, Tombuctú se convierte en aquel lugar desconocido donde se puede ser feliz.

Por esa época, Ana aprende a usar la cámara súper 8 de su papá, y empieza a registrar momentos importantes de su infancia, que luego serán la memoria de su mundo particular.

A finales de los ochenta, las cosas cambian. Ana, Lucho y todos los chicos del barrio son ya unos adolescentes que viven acostumbrados a vivir en apagón y sin agua, con los atentados de Sendero Luminoso y el MRTA, con las noticias de los muertos de la guerra fratricida que se vive en el Perú entre el terrorismo y el Ejército, y con la terrible crisis económica que afecta a sus familias. En esta época, entre las pocas ilusiones que se pueden permitir el grupo de amigos, empieza un romance entre Ana y Lucho, después de mantener una amistad especial durante años, a base de cartas que van y vienen desde “Tombuctú” con poemas, dibujos y cassettes. Ana sigue filmando con la Súper 8 algunos momentos importantes, alejados de la realidad, construyendo con Lucho un código que solo ellos conocen y comparten. Es un amor de adolescentes creativos y lúdicos, que viven tratando de luchar contra una realidad opresiva, violenta y oscura. Otra de las maneras que tienen de escapar es estando cerca del mar, yendo en bote, imaginando mundos lejanos. Y no se separarán hasta el fatídico viaje a los Andes que realizarán poco tiempo después.

El viaje lo organizan a modo de despedida de los amigos del barrio, ya que casi todos están pensando en huir a Estados Unidos cuando acabe el colegio. En este viaje se enfrentan por primera vez a la realidad de su país. Viajan en un bus con campesinos de la sierra que sólo se comunican en quechua, y serán víctimas, al igual que los campesinos, de la violencia del conflicto armado. Unos hombres con pasamontañas, que al parecer son soldados del Ejército, suben al bus y piden la documentación a los pasajeros. Detienen a dos campesinos, por no tener Libreta Electoral. Cuando la revisión llega al grupo de chicos, resulta que Lucho tampoco tiene documentos y entonces es también detenido.

Ya en Lima, Ana se abandona a la tristeza de la desaparición y posible muerte de Lucho. Pero al poco tiempo recibe una llamada de la mamá de éste, que le comunica que lo han encontrado vivo y ya está en casa. Pero Lucho rompe contacto con el mundo a partir de este momento, sin contarle a nadie qué fue lo que realmente le sucedió durante el tiempo que estuvo desaparecido.

Varios meses después, Ana al fin consigue ver a Lucho, aunque ésta será la última vez. En el bote en el que solían pasear y soñar con mundos lejanos, en el que cabían todo tipo de ilusiones, Ana le cuenta que todos están a punto de emigrar a Estados Unidos y que ella también se va a ir, pero a Tombuctú. Le pide que venga con ella, pero él se niega. Lucho solo quiere que Ana que le siga mandando cartas, como antes, que le cuente acerca de la vida que él ha decidido no vivir.

Ana realmente se va a España. Es en la sala de embarque, luego de la despedida con sus padres, que cree ver algo por la ventana: es Lucho, niño, con una bengala en las manos, al igual que cuando ella lo conoció en aquella ya lejana noche de Navidad.